La adopción de inteligencia artificial en ciberseguridad avanza con rapidez, pero enfrenta un obstáculo estructural. De acuerdo con el estudio New world, new rules: Cybersecurity in an era of uncertainty de PwC, los dos principales retos para implementar IA en ciberdefensa son la falta de conocimientos y la escasez de habilidades especializadas, por encima incluso de las limitaciones tecnológicas o presupuestales.
El impacto de esta brecha es evidente: solo el 30% de las organizaciones se siente muy preparada para enfrentar ataques impulsados por IA, lo que refleja una distancia creciente entre el nivel de sofisticación de las amenazas y la capacidad real de los equipos para gestionarlas. La tecnología está disponible, pero no siempre existen los recursos humanos para operarla de forma efectiva.
A pesar de ello, la intención de inversión es clara. El 67% de los ejecutivos planea utilizar IA Generativa para la detección y respuesta a incidentes en los próximos 12 meses, lo que confirma que la automatización se percibe como un componente clave de la ciberdefensa moderna. Sin embargo, sin talento capacitado, estas inversiones corren el riesgo de no generar el retorno esperado.
La ciberseguridad basada en IA no es autónoma. Requiere especialistas capaces de entrenar modelos, interpretar alertas, reducir falsos positivos y tomar decisiones críticas en tiempo real. Sin este componente humano, la automatización puede incluso generar una falsa sensación de control y aumentar la exposición al riesgo.
Este escenario refuerza una conclusión central del estudio: el desafío no es la falta de tecnología, sino la falta de talento. Para distribuidores y mayoristas tecnológicos, esta brecha representa una oportunidad estratégica para ofrecer servicios administrados, soporte especializado y modelos de acompañamiento que permitan a las empresas aprovechar la IA sin depender exclusivamente de capacidades internas limitadas.



































