Los ataques a la cadena de suministro se han consolidado como uno de los vectores de riesgo más complejos para las organizaciones. PwC los ubica entre las principales amenazas rumbo a 2026, impulsados por la creciente interdependencia digital entre fabricantes, mayoristas, integradores y clientes finales. En este entorno, un solo proveedor vulnerable puede convertirse en el punto de entrada para comprometer operaciones completas, incluso en empresas con altos niveles de madurez interna.
Este riesgo ya no se gestiona únicamente con confianza o relaciones comerciales de largo plazo. El estudio revela que el 48% de las organizaciones utiliza “cyber-scores” o evaluaciones formales de ciberseguridad para calificar a sus proveedores antes de firmar contratos o renovar acuerdos. La seguridad digital se transforma así en un requisito explícito para participar en cadenas de suministro corporativas.
La adopción de estos puntajes introduce una lógica clara: la ciberseguridad deja de ser un asunto interno y se convierte en un atributo medible frente a terceros. Las empresas ya no solo preguntan qué vende un proveedor o cuál es su precio, sino qué tan resiliente es su operación ante un incidente cibernético y qué impacto tendría una brecha en su entorno sobre el propio negocio del cliente.
Para distribuidores y mayoristas tecnológicos, este cambio representa un punto de inflexión. No contar con controles sólidos, procesos documentados y capacidad de respuesta ante incidentes puede traducirse directamente en pérdida de contratos, exclusión de licitaciones o degradación dentro del ecosistema de socios estratégicos. La falta de inversión en seguridad ya no es invisible para el cliente corporativo.
Este nuevo entorno también eleva las expectativas en materia de transparencia y gobernanza. Cada vez más organizaciones exigen evidencia de prácticas de seguridad, certificaciones, políticas de acceso y esquemas de monitoreo continuo. La resiliencia digital se convierte en una credencial comercial, tan relevante como la capacidad logística, la cobertura geográfica o el alcance del portafolio.
Desde esta perspectiva, proteger la propia infraestructura deja de ser una medida defensiva y se convierte en una estrategia para preservar ingresos futuros y sostener relaciones comerciales. Las empresas que entienden la ciberseguridad como parte integral de la cadena de suministro están mejor posicionadas para competir en un mercado donde el riesgo se evalúa de forma compartida.
El mensaje final es claro: en un ecosistema interconectado, la seguridad de un actor afecta a todos. Quienes no fortalezcan su postura de ciberseguridad no solo se exponen a incidentes, sino a quedar fuera de las cadenas de valor que exigirán, cada vez más, proveedores digitalmente confiables.
Los datos presentados forman parte del 2026 Global Digital Trust Insights de PwC, el estudio más longevo y respetado de la industria con 28 años de trayectoria. En esta edición, se consultó a 3,887 líderes empresariales y tecnológicos en 72 países, ofreciendo la hoja de ruta más completa para la resiliencia digital en la era de la incertidumbre.



































